//Entrenando la atención plena

Entrenando la atención plena

La práctica del mindfulness triunfa en el mundo empresarial como una herramienta para mejorar la productividad y soportar. Pero, ¿cuál es su objetivo?: ¿mejorar la rentabilidad o ser más felices?

He comenzado a escribir este artículo y he tenido varias interrupciones: 2 alertas de correos, varios whatsapps, 3 notificaciones de Twiitter, y una llamada de teléfono… Los minutos pasando en el reloj y una sensación de impaciencia. Seguro que esta situación te suena. En un entorno en el que estamos constantemente conectados, a veces es muy difícil centrase. Las exigencias del día a día, no sólo en el entorno laboral sino también personal, y la multitud de estímulos a los que estamos sometidos dificultan la capacidad de concentración. De ahí la creciente popularidad del mindfulness, o “concentración plena”. Una técnica milenaria, basada en los principios del budismo, que ha encontrado un hueco en Occidente por su capacidad para reducir el estrés y la ansiedad. Su objetivo no es otro que el de aprender a vivir el momento presente con interés, curiosidad y aceptación.

Este concepto ha irrumpido con especial fuerza en el mundo de los negocios. Ya en 2013 Rupert Murdoch anunció en Twitter ser un asiduo al mindfulness y Steve Job aseguró que el zen había influido en su manera de trabajar. Siguiendo el ejemplo, son múltiples las empresas que fomentan su práctica entre empleados y directivos para reducir la ansiedad y potenciar habilidades como el liderazgo, la productividad o la creatividad. Así, las oficinas de Ebay cuentan con salas de meditación; Nike da clases de yoga y en sus “Relaxation Rooms”; y Google ofrece el programa “Search inside yourself”, basado en técnicas de respiración y meditación. Y estas no son las únicas experiencias. Facebook, Twitter, AOL Time Warner, Yahoo!, HBO o Procter&Gamble también se han sumado al carro del mindfulness para calmar la mente de sus empleados.

Siguiendo este fenómeno las escuelas empresariales están incluyendo programas formativos en mindfulness para que los directivos del futuro sean capaces de abstraerse del bullicio de las actividades diarias y adquirir concentración plena. Ejemplos de ellos son los que imparten la Harward Business School o el prestigioso IMD de Suiza.

En España, aunque de manera más incipiente, el concepto también está triunfando. La Universidad Internacional de Valencia ha superado la 10ª edición de su curso “Aprendiendo a entender el mindfulness”, la Universidad de Zaragoza ha creado un Máster de Mindfulness, y sólo es necesaria una búsqueda en Internet para ver los numerosos centros que imparten aprendizaje de este tipo.

El fenómeno incluso ha recabado en el entorno de los emprendedores con la proliferación de jornadas formativas o incluso innovadoras iniciativas como “HENKô. Life Balance & Surf “, una experiencia que combinaba el sur y la meditación para fomentar capacidades de autoconocimiento, resiliencia, concentración, motivación y liderazgo.

De forma paralela al creciente interés y uso empresarial, surgen las críticas respecto a su uso en los negocios. No son pocos los que consideran que enfocado a ganar dinero puede fomentar la manipulación o explotación del personal. Y es que, ¿tiene sentido ejercitar una práctica que defiende el desapego material para enriquecerse?

En el lado opuesto, y centrándose en su uso exclusivo como método para alcanzar la felicidad, surgen otros movimientos como Wake UP España, que organiza eventos de meditación colectiva o recorridos por universidades para enseñar a los jóvenes a comer una mandarina: tocándola, oliéndola y saboreándola para instalarse en el momento presente y disfrutralo.