La crisis no puede con las subastas de coches clásicos
Están hechos de otra pasta. Nada de burbujas inmobiliarias ni crash bursátiles. Dicen los que entienden de esto que un buen coche clásico siempre se revaloriza.
El precio de un coche clásico lo determina su exclusividad, su estado de conservación, el tiempo que haya estado fuera del mercado y los propietarios que hubiera tenido, tanto en número como en celebridad. El Aston Martin DB4 GT del año 1963 que se subastó el pasado enero en Phoenix, Arizona (EE UU), reunía todos los requisitos para alcanzar un precio histórico.
La casa especializada en subastas de vehículos clásicos RM Auctions, que organizaba los días 21 y 22 de enero la XI edición de su cita anual Automobiles of Arizona en el prestigioso hotel Arizona Biltmore Resort & Spa de Phoenix, había previsto que el Aston Martin sería vendido por entre 900.000 y 1.100.000 dólares. El coche fue adjudicado finalmente por una cantidad que se acercaba mucho al límite anunciado, lo que podría interpretarse como una señal de que el sector se mantiene al margen de la crisis.
Aquellos días se vendió el 89% de los 170 vehículos subastados, con una recaudación total de 19,6 millones de dólares (más de 14 millones de euros). La joya de la subasta era, lógicamente, el Aston Martin DB4 GT de 1963, pero también hubo modelos que superaron ampliamente el medio millón de dólares en la puja: un Shelby 427 Cobra de 1967 –perteneciente a la distinguida colección Otis Chandler– alcanzó los 632.500 dólares (cerca de 453.000 euros), un Duesenberg Model J Tourster de 1932 era adjudicado por 550.000 dólares (unos 394.000 euros) y un Rolls-Royce PII Continental Three-Position Drop Head Coupé de 1933 se vendía por 528.000 dólares (más de 378.000 euros), entre los más destacados.
Un millón de euros por un Bugatti
En diciembre de 2009 ya se obtuvieron resultados igual de sorprendentes en subastas similares. La casa francesa Osenat, situada a las afueras de París, anunciaba a finales de 2009 que un Bugatti 37A Grand Prix de 1928 había sido vendido por 1.036.000 euros. El precio estaba muy por encima de lo estipulado por catálogo, que auguraba una puja entre los 500.000 y los 700.000 euros. El modelo en cuestión, cuyo primer propietario había sido el piloto francés René Dreyfus, había quedado en primer lugar en su categoría en el Gran Premio de Mónaco de 1929.
Estos guarismos quedan, sin embargo, muy lejos del récord absoluto registrado por un coche clásico, que data (a pesar de la crisis) de mayo de 2009. El día 17 de aquel mes se vendía en Maranello (Italia) un Ferrari 250 Testa Rossa de 1957 por 9.020.000 euros, cifra que superaba en más de 2 millones de euros el anterior récord histórico, establecido en 2008 por otro Ferrari: un 250 GT California Spider de 1961 que había pertenecido al actor James Coburn.
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Publicado el 19/05/2010 en Coches, Barcos y Aviación por Marco O. Brik
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