Los clubs privados se adaptan al ritmo de los nuevos tiempos
Un salón elegante con butacas de cuero y mesas de café en donde seguir la bolsa en el Financial Times, hacer negocios y disfrutar de un whisky escocés. Ese es el origen de los clubs de caballeros surgidos en Inglaterra en el XVIII.
En la época victoriana no había caballero británico que no tuviera el suyo. Desde White's, fundado en 1693 por emigrantes italianos, hasta el Carlton Club, punto de reunión del partido conservador (los tories) desde 1832, muchos son los que continúan abiertos. No obstante, entrar en uno de ellos no supone necesariamente dar un paso atrás en el tiempo. El concepto se ha adaptado a los nuevos tiempos.
Un ejemplo es el Groucho Club, creado por un grupo de publicistas precisamente para huir del encorsetado modelo previo. Inspirados en la famosa frase de Groucho Marx "nunca perteneceré a un club que acepte como socio a un tipo como yo", tratan de darle la vuelta al concepto de club privado desde 1985. Fue el primero en admitir mujeres.
Ya los había en el siglo XIX solo para mujeres, como The University Women's Club, que lleva funcionando desde 1883 sin admitir varones. Pero el Groucho es el primero realmente mixto y uno de los más vanguardistas. Incluso cuenta con completas habitaciones dignas del mejor hotel, por si los excesos de los socios, la mayoría artistas y creadores de la bohemia londinense, aconsejan no abandonar el local.
Los Estados Unidos
El modelo británico se exportó a la Commonwealth. En todas las colonias británicas se fundaron clubs como The Savage en Australia, The Terminal City en Vancouver o The Rand Club en Sudáfrica. Pero, sobre todo, proliferaron por todos los Estados Unidos. Allí la tipología se diversifica y, junto a clubes de corte tradicional como el Duquesne Club de Pittsburgh, fundado en 1873 y considerado el mejor city club del país, surgen otros de carácter deportivo o asociativo.
Así, surge el Links Club o el Pine Valley, dos de lo mejores clubes de golf. El Yale Club de Nueva York también se encuentra en esta lista. Aglutina a antiguos alumnos de la prestigiosa universidad, jactándose de ser el club con más socios: más de diez mil. El espíritu de todos ellos, gente con algo en común que se junta para disfrutar y, por qué no, hacer negocios. Porque si la inscripción cuesta -en el Club de Campo de Los Ángeles llega hasta ochenta mil dólares- los socios tienen, además del gusto por el golf, al menos otra cosa en común: algo de efectivo disponible.
Es en este punto donde vino a revolucionar el panorama The Core, un centro inaugurado en 2005 que pretendía ser un lugar de encuentro entre la gente con más dinero y poder. Eso es lo que tienen en común sus socios. ¿No es suficiente para montar un club? Los negocios, las inversiones, las ideas... surgen en este ambiente como si de una reacción química se tratara. Eso es The Core, un laboratorio de alquimia en el que, en realidad, todo lo que se toca es ya de oro.
Este modelo es el que se ha querido implantar en otros centros de negocios, como en Arabia o, incluso, en China. En este país se formó un gran revuelo cuando se corrió el rumor de que el Gobierno había permitido la instalación de un selectísimo club privado en uno de los palacios de la mismísima Ciudad Prohibida. El hecho fue desmentido.
¿Podríamos considerar Davos o Bilderberg simples clubes privados? En torno a ellos hay mucho secretismo. Si hay como dicen, gente que paga por no aparecer en la lista Forbes de los más ricos, probablemente haya clubs que nunca lleguemos a conocer salvo que seamos socios. Estos son los que sí.
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Publicado el 28/11/2011 en Finanzas y Servicios por Luis García Casas
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