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El cliente manda

El inversor en el centro. Productos sencillos, menor riesgo y más asesoramiento. Éstos son los pilares de la nueva economía financiera; la real pasa por bajar los costes y apostar por lo verde.


Vivimos un nuevo tiempo. Los problemas que hemos visto en colosos financieros han supuesto para el sector un propósito de enmienda y un acto de contrición.

El cliente debe saber en lo que invierte. Que un producto sea muy complejo no quiere decir que resulte muy rentable. Se vuelve a instrumentos de inversión más sencillos y comprensibles.

Otra consecuencia es que hay que controlar los niveles de riesgo. Eso que se denomina apalancamiento. Muchos asesores habían recomendado esta estrategia de endeudamiento a sus clientes. Una idea que les ha reportado grandes pérdidas.

Una banca privada más personalizada

En este nuevo escenario se mueven los inversores de altos patrimonios, protegidos por unos mercados bursátiles que, tras la caída, han demostrado que tienen músculo suficiente para volver a la senda del crecimiento.

También se reinventa la banca de inversión. Productos más conservadores e inversión a más largo plazo, y adiós, por ahora, a instrumentos como los estructurados.

La banca privada será más personalizada y sencilla; o no será. Los grandes del sector, como UBS o Banif, tienen el reto de dejar atrás la resaca de Madoff o la pesadilla de los bonos de Lehman Brothers y ganarse la confianza del inversor.

Todo dentro de un orden mundial que quiere reinventar algunas de la reglas financieras por las que se rige y algunos modelos de dudosa ética.

Los paraísos fiscales han sido señalados con el dedo e identificados como uno de los culpables del crash. Topografía de la insolidaridad, manejan más de 13 billones de dólares.

Para poner coto a tanto desmán, la comunidad internacional está buscando su erradicación. Andorra tiene la intención de dejar de serlo y Suiza se ha comprometido a rebajar su nivel de opacidad.

Adaptación a la demanda

Si la economía financiera se reinventa, la real también. El devastado mundo inmobiliario se mueve hacia la 'promoción boutique', en la que la oferta se adapta absolutamente a la demanda. Tanto en precio como en ubicación y tamaño.

Incluso los grandes arquitectos de este siglo, como el británico Norman Foster, han detectado esta nueva mirada y reclaman una arquitectura de costes sostenibles, donde lo ecológico sea santo y seña.

Al tiempo que sucede esto, otros servicios, como los logísticos o los de transporte, serán más pequeños (las empresas); y actividades tales como el dibujo más eficiente de las rutas y la búsqueda de sinergias estarán a la orden del día. Veremos operaciones corporativas.

Estamos llamando a las puertas de un nuevo tiempo.


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El cliente manda
Publicado el 30/03/2010 en Finanzas y Servicios por Miguel Ángel García Vega
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