El ladrillo, obligado a reinventarse
Los devaluados activos que están cubriendo parte de la deuda de las inmobiliarias son un parche que puede volverse en contra de ellas y de los bancos y cajas. Venderlos es difícil, refinanciar la deuda y quedarse con ellos, poco conveniente.
Las empresas del sector compiten en estos momentos por ver cuál es la mejor a la hora de sanear sus números rojos. Nuestro 'Top 10' está elaborado en función de quién lo está haciendo mejor en esos términos.
En 2009, Colonial, que ocupa el primer puesto de nuestro ránking por su capacidad para encarar su deuda, había reducido ésta en una cuarta parte, 2.094 millones de euros. La mayor cuantía se debió a desinversiones, otros 327 millones surgieron de acuerdos de venta de suelo y pisos a las entidades deudoras y 291 millones de euros fueron fruto de la enajenación de activos.
Las ventas no cubren unas pérdidas que en muchas ocasiones se deben al peso que tienen los activos a los que no se les da salida. Ése es el caso de Metrovacesa. En 2009 ha superado los 500 millones de euros de ingresos, pero eso no la ha salvado de que el Barclays se haya quedado con un 7% de la compañía al ejecutar la deuda –contraída por la familia Sanahuja– a principios de este año.
El círculo vicioso se cierra por el lado de los bancos y cajas que se unen a la fiesta con sus propias bolsas de vivienda, las cuales, o bien las han recibido de las inmobiliarias en pago por la deuda, o son activos de empresas con las que se han quedado cuando no ha habido posibilidad de cubrir los créditos. A esas bolsas hay que sumar los embargos, que han pasado de los 58.688 en 2008 a los 114.000 durante 2009, y para 2010 el Consejo General del Poder Judicial ha calculado unos 118.000, que se sumarían a un stock actual de 500.000 viviendas en España.
Espiral de competencia
Si las entidades financieras pretenden minimizar las pérdidas deberán vender estos inmuebles. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el importe medio de las hipotecas destinadas a la compra de vivienda a finales de 2009 se redujo en casi un 16% con respecto al año anterior. Las ofertas tendrían que superar esa disminución.
Los bancos y cajas pueden entrar en una espiral de competencia con las propias inmobiliarias, bajando los precios de los inmuebles y cerrando el grifo para financiar casi todo lo que no sea su propia cesta de ladrillos. Hasta ahora no lo han hecho para no encarar las pérdidas que tendrían por la depreciación de activos en cartera y han optado por el roll-over, una refinanciación que pospone la entrada en mora.
Sin forma de vender rápidamente sus excedentes y con una refinanciación de deuda cada vez más complicada, el futuro pinta rojo para la mayoría de las inmobiliarias españolas.
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Publicado el 08/03/2010 en Finanzas y Servicios por Antonio Alonso / Miguel Ángel García Vega
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