En la piel de un sibarita
¿Quién viste a un gran señor? ¿A qué joyero se le encarga la alianza de una heredera? ¿Dónde se casan los millonarios? ¿Qué reloj lucen los grandes financieros? Así es el lujo que se lleva en contacto con el cuerpo.
El vestidor de una mansión encierra, elevada a la enésima potencia, una sentencia universal de la sabiduría materna: aquello que toca la piel debe ser de la mejor calidad posible. Cada objeto cotidiano susceptible de ser rozado por un amante del lujo encierra un complicado proceso de fabricación en el que intervienen cien veces más diseñadores, expertos y artesanos que en cualquier prenda o complemento hechos en serie.
Es muy fácil determinar qué es lo mejor: materiales de primera, diseño perfecto, manufactura al nivel del arte y servicio dedicado. Las firmas que logran cumplir todos esos requisitos -a fin de cuentas, dar a los ricos lo que desean- llevan camino de convertirse en una multinacional al estilo de Cartier, Hermès, Manolo Blahnik o Ermenegildo Zegna.
Al calor de las grandes fortunas
La excelencia y el dinero se han buscado insistentemente a lo largo de la historia. De sus encuentros por el mundo han nacido casas legendarias y capitales de suntuosos escaparates. Los grandes imperios, y en especial el británico y el francés, convirtieron a París y Londres en paraísos para compradores ávidos de destacar por lucir sobre sus cuerpos lo más caro, lo más nuevo, lo más especial.
Las grandes fortunas surgidas de la Revolución Industrial fueron la clave que convirtió a Nueva York y Milán, y más tarde a Tokio, en supermercados del lujo, mientras que hoy vemos cómo las grandes marcas se desplazan hacia el continente asiático, donde los jóvenes caudales de dinero parecen deseosos de hacerse con la limitada producción de la alta costura, los diamantes recién descubiertos, los bolsos de cocodrilo y los relojes cuyo precio ronda el millón de francos suizos.
Es en Asia, y especialmente en China, donde el mercado del gran lujo comienza a ver la luz después de un 2009 casi desastroso para sus ventas. Los estudiantes de economía aprenden que los artículos de lujo permanecen impávidos ante las crisis, pero la actual recesión ha golpeado a las grandes marcas de lujo internacional con una fuerza que contradice toda teoría económica y pérdidas que rondan el 10%.
Manual del connaisseur
Las turbulencias económicas tienen un aspecto positivo: al final, suponen una llamada a la cordura, a la conciencia de que ya no se vende cualquier cosa y a cualquier precio. Pero en el caso del lujo, esa barrida de la sensatez puede acabar con grandes maestros como el modisto Christian Lacroix, antaño rey de la pasarela de alta costura y recientemente abatido por la quiebra.
Aún quedan muchos fabricantes de artículos exquisitos, proveedores de servicios exclusivos que crean a medida auténticos objetos de deseo. Algunos tienen lista de espera y otros sólo admiten clientes previa cita. Hemos recorrido el mundo para reunir a los únicos que los connaisseurs permiten rozar su piel. Nuestra selección no responde al criterio "¡qué menos!", sino al de "es lo máximo".
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Publicado el 10/03/2010 en Moda y Belleza por Malena Mangas
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