Los diez mejores lugares para gastar una fortuna en joyas
Tras el bache de ventas de 2009, la alta joyería -el sector estrella del mercado del lujo- pone sus esperanzas en China. La historia se repite: las nuevas fortunas tienen hambre de piedras y metales preciosos.
Una piedra del tamaño de un huevo vendida por 35 millones a finales de febrero de 2010. Vendedor: la compañía surafricana Petra Diamonds. Comprador: la joyería Chow Tai Fook de Hong Kong. El objeto: un fabuloso diamante de 507 kilates encontrado en septiembre de 2009 en una mina cercana a Pretoria.
La cifra, la más alta jamás alcanzada por una gema en bruto, confirma las predicciones de los analistas: comienza a remitir la crisis que asoló la alta joyería en 2009 y que hizo caer las ventas un 12%. Y lo hace en China, donde los expertos predecían.
El gigante asiático ve nacer billonarios cada día. Su pujante economía, que crece al 10% anual, genera fabulosas fortunas hechizadas por el lujo que llega de Occidente en forma de ropa, complementos, coches, champán y, naturalmente, joyas.
París, Place Vendôme
Es un ciclo natural en el ecosistema del lujo. Las grandes joyerías crecen cerca de los caudales de dinero. Marie-Etienne Nitot, fundador de Chaumet, prosperó junto a Napoleón. Loco por las joyas, el emperador le hizo adaptar las alhajas reales al gusto neoclásico, le encargó coronas, espadas y ajuares para sus sucesivas esposas.
Van Cleef & Arpels o Bulgari florecieron a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando París recibía visitas de reyes, príncipes y ricos de nuevo cuño. Boucheron fue el primero en instalarse en la Place Vendôme, en una soleada esquina que hacía brillar su escaparate. Enseguida le imitaron los demás y, hoy, ese rincón parisino es el epicentro mundial de la alta joyería, con sucursales de casas extranjeras como la suiza Chopard o la española Carrera y Carrera.
Fuera de ese cuadrilátero, Nueva York cuenta con 2 joyerías locales de fama mundial: la cinematográfica (y muy elegante) Tiffany & Co. y Harry Winston, que ha tallado muchos diamantes famosos. En Londres, Laurence Graff se ha hecho millonario diseccionando piedras singularmente valiosas, y, aunque ve declinar su imperio, la compañía surafricana De Beers aún controla el mercado de diamantes.
El 'caso' Cartier
La joyería parisina Cartier goza de una posición destacada por su capacidad de satisfacer tanto al gran público como a casas reales de todo el orbe. Su prestigio se multiplicó por mil cuando los marajás indios comenzaron a encargar en la casa sacos repletos de alhajas y collares fabulosos, como el realizado en 1928 para el marajá de Patiala, con miles de diamantes.
Las mejores joyas que el Duque de Windsor regaló a su esposa Wallis Simpson -collares, diademas y broches con panteras- salieron de los talleres de Cartier. De la misma casa es la triple alianza Trinitiy, un éxito superventas accesible para los bolsillos medios.
Sobre la alfombra roja
En la actualidad, las mujeres más deseadas del planeta (actrices de Hollywood y top models) son las encargadas de "airear" las mejores y más valiosas piezas creadas por las grandes joyerías. Eso sí, en préstamo, acompañando a vestidos de alta costura y sobre alfombra roja: Oscars, Globos de Oro o festivales de cine.
Julianne Moore lució recientemente en sus lóbulos dos fabulosas esmeraldas de Bulgari valoradas en 3 millones de dólares, Julia Roberts y Eva Mendes se adornan de Van Cleef y Penélope Cruz completa sus atuendos con creaciones de Chopard. La prensa las glosa, ellas las devuelven y los estuches toman su nuevo camino... probablemente hacia Asia.
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Publicado el 08/03/2010 en Moda y Belleza por Malena Mangas
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