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Una graduación perfecta

Frente a la caída de ventas, los licores se reivindican a partir de una oferta que mezcla tradición y vanguardia tanto en el continente como en el contenido. Apuestas seguras: G’vine Nouvaison (ginebra), Yamazaki 18 (whisky) y Henri IV (coñac).


Los licores se mueven entre el sabor y los números. Las cifras nos indican que este año no será bueno para el consumo. La Federación Española de Bebidas Espirituosas (FEBE) pronostica que las ventas caerán a lo largo del año un 10%. Jaime Gil Robles, presidente de la FEBE, cree que la subida del IVA en hostelería les afectará de forma directa. "El alza de impuestos repercutirá sobre un producto que de por sí sufre la presión de los impuestos especiales", dice Gil Robles.

Esto sucede en las cifras, en el lado más gastronómico las sensaciones son distintas, al menos si hablamos de ginebras. La bebida se reinventa. Ya no sólo se utiliza el enebro en su elaboración, la uva levanta la mano y reclama su protagonismo (ahí está la francesa G’vine Nouvaison). El maridaje mira hacia el mercado e incorpora esencia de rosas, flores de camomila, pepino, cítricos…

La ginebra se ha convertido en el mascarón de proa y en la guía en la que se fijan otros licores. El objetivo es buscar nuevas combinaciones y presentaciones que vuelvan la bebida más atractiva. Pero esta búsqueda de novedades también llega al origen.

Malta de Japón

¿Le suena el whisky japonés? Pues va a vivir un boom similar al de las ginebras, ya que está considerado el mejor del mundo. Hablar de malta japonesa es hacerlo de dos empresas: Suntory y Nikka, y sus etiquetas (y bodegas) más renombradas: Yamazaki y Yoichi. La primera produce tanto whisky blend como single malt. Los mejor conocidos son Yamazaki 12 y Yamazaki 18. La segunda, fundada en 1934, tiene sus tres marcas más reputadas en Nikka Yoichi 10 yo, Nikka Yoichi 12 yo y Nikka Yoichi 15 yo.

Pero en esta bebida no sólo es importante el contenido, sino también el continente. Las marcas cada vez cuidan más la imagen. Un buen ejemplo es Matisse. Procedente de las Tierras Altas de Escocia, el diseño de su botella juega con conceptos como el tiempo y el espacio, o sea, los elementos que definen la escultura. Hay 5 tipos de este equilibrado licor, desde 12 a 15 años.

¿Y en coñac? Se impone lo mejor de lo mejor. Vuelta a las grandes marcas. ¿Ejemplos? Henri IV –que está considerado el coñac más caro del mundo (1.460.000 euros)– continuará siendo el elegido de los más pudientes. Si tiene un presupuesto un poco más limitado ahí están el Hennessy Beauté du Siècle (146.000 euros), el Rémy Martin Black Pearl Louis XIII (40.000 euros) o el Hardy Perfection 140 (6.800 euros).


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Publicado el 03/04/2010 en Vinos, Gastronomía y Puros por Miguel Ángel García Vega
Artículo leído 1352 veces.


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