//El hotel que salvará a Las Maldivas

El hotel que salvará a Las Maldivas

El Soneva Fushi es un complejo de lujo que ha sido concebido para minimizar su impacto medioambiental en las islas. Sus ambiciosos proyectos ya se han extendido a lugares como Tailandia.

Shivdasani y su mujer han decidido aportar su granito de arena para mejorar la salud del planeta. A través de Soneva Fushi, su complejo hotelero situado en la Isla Kunfunadhoo en Las Maldivas, estos emprendedores se niegan a quedarse con los brazos cruzados viendo cómo se hunden sus queridas islas.

El calentamiento global está provocando un crecimiento del nivel del mar en todo el mundo. La fama de la que gozan las islas ha permitido que el turismo represente el 33% del PIB del país (unos 1.000 millones de euros anuales), pero también está contribuyendo a su rápido deterioro.

El hotel Soneva Fushi ofrece todos los servicios que los multimillonarios y famosos buscan en un alojamiento de lujo en el paraíso, sin renunciar a una conciencia ecológica. El propio Shivdasani ha revelado en una entrevista concedida a ‘Fast Company’ que ya en la construcción del complejo en 1995 modificaron la arquitectura para no tener que cortar ningún árbol del entorno.

Con el paso de los años, esta política no solo se ha mantenido, sino que ha evolucionado. En 2008 presentó el primer conjunto solar del archipiélago y espera obtener el 75% de su energía de fuentes renovables durante los próximos 12 meses. En la actualidad recicla un 90% de sus residuos y su objetivo es convertirse en un hotel de ‘residuo cero’.

Los residuos de alimentos se convierten en abono para crear un suelo nutritivo que abastezca al complejo de productos frescos, y los de espuma de poliestireno se usan para crear bloques que se utilizarán en la construcción.

El agua que consumen los huéspedes se desaliniza en el mismo hotel y se sirve en botellas de vidrio. Siguiendo los principios del químico japonés Masaru Emoto, este proceso tiene lugar mientras se reproduce música clásica, ya que existente la creencia de que la emoción humana puede afectar a las moléculas de agua. El dinero ahorrado se destina a obras de caridad.

Pero ahí no queda todo. Shivdasani abrió una fábrica de vidrio que recicla las botellas de este material en toda la isla de una manera muy original: los sopladores de vidrio de renombre mundial las convierten en arte. Por su parte, los huéspedes transforman los desechos de plástico en juguetes o macetas.

Este alojamiento es probablemente el único que mide sus emisiones de carbono en tres ámbitos y destina un porcentaje de la tarifa de la habitación para que la isla disfrute de una energía subsidiada.

Los planes de Shivdasani y su mujer son muy ambiciosos. Ya han ayudado a plantar medio millón de árboles en el norte de Tailandia para reducir las muertes provocadas por enfermedades pulmonares. Además, acaba de lanzar el primer programa de surf totalmente sostenible y espera llevar a cabo un proyecto de acuaponía, un sistema de producción sostenible de plantas y peces.